Los ciberataques se han convertido en uno de los riesgos empresariales con mayor capacidad para interrumpir la actividad de una compañía. Y el problema no afecta únicamente a las grandes corporaciones. Cualquier empresa que dependa de sistemas informáticos, gestione datos de clientes o proveedores, realice pagos electrónicos o utilice servicios en la nube está expuesta.
Los datos muestran la dimensión del problema. Según el balance publicado por INCIBE, durante 2025 se gestionaron en España 122.223 incidentes de ciberseguridad, un 26 % más que en 2024. Entre ellos se contabilizaron más de 55.000 incidentes relacionados con malware, 25.133 casos de phishing y 392 incidentes de ransomware.
Pero, cuando se produce un ataque, el verdadero impacto para una empresa no termina en sus sistemas informáticos. Un incidente puede paralizar la actividad, generar gastos extraordinarios, comprometer información confidencial y provocar reclamaciones de terceros.
El coste de un ciberataque va mucho más allá de recuperar los sistemas
Imaginemos que una empresa sufre un ataque de ransomware y pierde temporalmente el acceso a sus servidores. La primera preocupación será recuperar los sistemas y determinar hasta dónde ha llegado el ataque.
Sin embargo, rápidamente aparecen otros problemas: ¿cuánto tiempo permanecerá interrumpida la actividad?, ¿se han filtrado datos personales?, ¿es necesario contratar especialistas externos?, ¿hay que comunicar el incidente a clientes o autoridades?, ¿pueden producirse reclamaciones de terceros?
Por eso, el impacto económico de un ciberataque puede dividirse en diferentes áreas.
Por un lado, están los costes propios de la empresa: investigación forense, restauración de sistemas, recuperación de datos, contratación de expertos, asesoramiento jurídico o gestión de una crisis reputacional.
A ello puede añadirse la pérdida de beneficios derivada de la interrupción del negocio. Para determinadas compañías, permanecer unas horas o varios días sin acceso a sus sistemas puede tener un impacto económico considerable.
Y existe una tercera dimensión: la responsabilidad frente a terceros, especialmente cuando el incidente afecta a información confidencial o datos personales de clientes, empleados o proveedores.
¿Qué puede cubrir un seguro cyber?
El seguro cyber está diseñado para ayudar a la empresa a afrontar las consecuencias económicas y operativas derivadas de determinados incidentes cibernéticos.
Aunque las coberturas varían en función de cada póliza, habitualmente pueden contemplar gastos de respuesta al incidente, análisis forense, recuperación de información y sistemas, asistencia jurídica, gestión de crisis y determinados costes relacionados con brechas de datos.
También puede incluir la pérdida de beneficios causada por una interrupción de la actividad cubierta y la responsabilidad civil derivada de reclamaciones de terceros.
Una de sus características más relevantes es precisamente la combinación de indemnización y servicios especializados de respuesta. Ante un incidente, actuar con rapidez puede ser tan importante como disponer de cobertura económica.
El objetivo, por tanto, no es únicamente compensar determinadas pérdidas, sino facilitar que la empresa pueda gestionar el incidente y recuperar su actividad cuanto antes.
El seguro no sustituye a la prevención
Contratar un seguro cyber no significa trasladar completamente el riesgo a una aseguradora.
Las compañías aseguradoras analizan cada vez con mayor detalle las medidas de seguridad implantadas antes de aceptar un riesgo. Sistemas de copias de seguridad, autenticación multifactor, actualización de software, gestión de accesos, formación de empleados o protocolos de respuesta ante incidentes pueden ser elementos relevantes durante el proceso de suscripción.
La prevención y el seguro deben entenderse, por tanto, como herramientas complementarias.
La empresa debe trabajar para reducir la probabilidad y el impacto de un incidente y, al mismo tiempo, analizar qué consecuencias económicas podrían comprometer su actividad si finalmente se produce.
¿Todas las empresas necesitan las mismas coberturas?
No. El nivel de exposición depende de factores como la actividad, facturación, dependencia tecnológica, volumen y tipo de datos gestionados, número de empleados, presencia internacional o relación con clientes y proveedores.
Una compañía industrial, una empresa de servicios profesionales o un comercio electrónico pueden presentar exposiciones muy diferentes.
Por ello, antes de contratar una póliza resulta fundamental realizar un análisis previo del riesgo y determinar qué escenarios podrían generar un mayor impacto económico.
En Filhet-Allard, ayudamos a las empresas a identificar sus principales exposiciones cibernéticas, analizar las soluciones disponibles en el mercado y estructurar programas de seguro adaptados a sus necesidades.
Porque frente a un ciberataque la pregunta no debería ser únicamente cómo evitarlo, sino también cómo responder y proteger la continuidad del negocio si llega a producirse.

